Alberto thormann

La visión aérea que en la imagen de Thormann  confiere la sensación de las formas suspendidas, convierte al espacio en infinito, amplía las fronteras y  los márgenes de su pintura

Sandra Marset

        Un trabajo continuo y perseverante

Denotan sus exposiciones en nuestra provincia como su trabajo en el exterior, Alberto Thormann ha logrado un lugar y una  imagen que le son propios, planeando un itinerario profesional a la vez que dejando surgir espontáneamente su obra artística.

      Las obras en las que trabaja desde hace un tiempo, nos muestran ciertas modificaciones en la concepción del espacio, el trabajo de las formas, el color, con certeza el nombre de una de ellas, “Un nuevo horizonte”, confirma  cambios.

     Hay en sus telas nuevas planos más simples, más netos, de mayor contundencia, donde el artista reconoce una madurez que lo aleja por momentos, de la iconografía lúdica que acompañaba gran parte de sus obras anteriores; ha “limpiado” el espacio, otorgando jerarquía a las formas  por su tamaño o por el tratamiento menos rebuscado, al encuentro de cierta monumentalidad.

      Al mismo tiempo compone obras de óleo con lápiz donde nuevamente asume el juego de los enlaces fortuitos, las zonas veladas que sólo sugieren lo que el espectador imagine y aquí la composición se enriquece, volviendo a su tendencia por el dibujo y las sutilezas, inesperadamente construye una obra con todas las variaciones de la monocromía, como en “Impresiones sobre blanco”.

      Con respecto a las vinculaciones de su imagen con el contexto, Thormann  reconoce cierto parentesco con el surrealismo, cuya influencia se deja ver en dos rasgos que distinguen su obra.

        El primer rasgo es la libertad para crear

Cierto automatismo lo lleva a ejecutar movimientos elementales y muy propios; con una imagen que comienza sin boceto con trazos espontáneos, donde no hay un plan previo, encuentra sugerencias, va creando asociaciones, siendo  en la última fase donde construye la obra definitiva, a partir del estudio de las formas y los pesos visuales, para lograr el equilibrio de la imagen, revelándose aquí su formación académica, desde el “análisis del espacio plástico”.

       El segundo rasgo tiene que ver con la fuente de donde surgen las obras, la introspección

El artista dice “...ser el tema, ... aunque yo no tengo temas; reflexiono, pienso, pero no trabajo temas específicos. Esta tarea solitaria  de pintar, me permite relacionarme con lo interno, con el amor, lo espiritual, con el camino que uno hace para crecer  y las evoluciones internas que uno siente..”

       Por otra parte y consecuente con esta corriente artística declara su gran admiración por Max Ernst , quien experimentaba con los materiales, trabajaba mediante el collage, con fragmentos de imágenes, buscando los medios convenientes para una imagen original. Thormann trabaja usando pincel, rodillo o aerosol, carbonilla, óleo con lápiz, desde donde investiga para encontrar el medio más idóneo para expresarse, trátese del soporte o de las herramientas.

       La visión aérea que en la imagen de Thormann  confiere la sensación de las formas suspendidas, convierte al espacio en infinito, amplía las fronteras y  los márgenes de su pintura,  esto es visible en  “Un ala en el cielo”, díptico de grandes dimensiones, o en el óleo  “Después de la tormenta”.

     Del mismo modo el espacio puede aparecer concentrado, ubicando los “objetos” en los márgenes como en “Levitación”, donde el fondo de un rojo intenso se hace  profundo, provocando una tensión contenida.

      Aquí también es posible advertir el manejo holgado de una paleta que teniendo siempre presente al blanco, sostiene azules, verdes o rojos con igual convencimiento, sin olvidar el trazo negro. El que aparece para marcar la línea, destacando un contorno elegido, es sin dudas, un legado del grabado desde donde se expresó durante largo tiempo. El trazo negro  aparece como cortes, como costuras de los fragmentos, en un gesto que otorga carácter a la forma y va enhebrando sutilmente el camino.

    Es así como es de notar que permanecen ciertas paradojas en su obra, desde un trabajo minucioso a otro de gran síntesis, desde la mirada suspendida y cósmica hasta la interioridad que propone un fondo horadado, el color - ahora más plano- también resuelto en la extensión de variaciones monocromáticas; resultantes todas de una exploración permanente, una producción que surge espontáneamente y de una estructura lúdica que sostiene el trabajo plástico de Thormann.

        Su obra crece, con el libre fluir de su interior construyendo una imagen absolutamente personal.

 

“Lo que no es reemplazable en la obra de arte, lo que hace de ella mucho más que un medio de placer: un órgano del espíritu, (...), es que contiene, más que ideas,

matrices de ideas, precisamente porque se introduce y nos introduce en un mundo

 cuya clave no poseemos, nos enseña a ver y finalmente nos da que pensar

 como ninguna obra analítica puede hacerlo...”

 (MERLEAU-PONTY, 1964).

 

                                                          Sandra Marset*

Alberto Thormann, Artísta Visual.

Mendoza, Argentina

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